Cuando algo no va bien en la zona pélvica, el primer impulso casi siempre es el mismo: “tengo que fortalecer, a hacer Kegel”. Es una reacción comprensible, porque el mensaje que ha calado es que el suelo pélvico se cuida apretándolo. Pero hay una parte importante de hombres para los que ese consejo no solo no ayuda, sino que empeora las cosas. Su problema no es que el suelo pélvico esté débil, sino que está demasiado tenso. Se llama hipertonía, y es bastante más frecuente de lo que se piensa. Distinguirla es clave, porque el tratamiento es justo el contrario al que la intuición sugiere.

Debilidad y tensión no son lo mismo

El suelo pélvico es un grupo de músculos que cierra la pelvis por abajo. Y, como cualquier músculo, puede tener dos problemas opuestos: estar demasiado flojo o estar demasiado tenso. La diferencia parece obvia dicha así, pero en la práctica se confunde continuamente, en buena medida porque ambos cuadros comparten síntomas y porque la cultura del “más fuerte, mejor” lo simplifica todo hacia el lado de la debilidad.

Un suelo pélvico débil (hipotónico) cuesta de activar y sostener; sus señales, como pequeñas pérdidas de orina, las repasamos en el artículo sobre las señales de un suelo pélvico debilitado. Un suelo pélvico hipertónico es lo contrario: está contraído de más, le cuesta soltarse, y esa tensión mantenida genera sus propias molestias. Tratar uno como si fuera el otro es lo que más problemas causa.

Qué es un suelo pélvico hipertónico

Imagina un músculo que nunca termina de descansar del todo. Igual que alguien que pasa el día con los hombros encogidos por el estrés acaba con contracturas en el cuello, el suelo pélvico puede quedarse en un estado de contracción permanente, incapaz de relajarse por completo. Eso es, en esencia, la hipertonía.

Las causas son variadas y a menudo se mezclan. El estrés crónico es una de las más habituales: la tensión emocional se traduce en tensión muscular, y la zona pélvica no es ajena a ello. También influyen una mala postura mantenida, el hábito de “meter tripa” o apretar los glúteos constantemente, ciertos deportes de impacto, o —y esto es lo que más nos interesa aquí— un entrenamiento de Kegel mal planteado, a base de contraer sin aprender a soltar. El músculo, sometido a contracción continua, pierde elasticidad y capacidad de relajación.

Posibles señales y síntomas

La hipertonía se manifiesta de formas que rara vez se asocian, a primera vista, con el suelo pélvico. Por eso muchos hombres pasan por varias consultas antes de que alguien sospeche de ella. Algunas señales que pueden orientar:

  • Sensación de tener que apretar constantemente la zona, o de no poder relajarla del todo.
  • Dolor o molestia perineal, testicular o en la base del pene, a veces difuso y difícil de localizar.
  • Dolor durante o después de la eyaculación.
  • Molestias urinarias: chorro débil o entrecortado, sensación de vaciado incompleto, necesidad frecuente de orinar.
  • Dolor que empeora al estar mucho tiempo sentado o tras periodos de estrés.
  • En ocasiones, dificultades de erección asociadas a esa tensión mantenida.

Ninguna de estas señales, por sí sola, confirma una hipertonía: muchas pueden tener otras causas. Pero cuando varias coinciden y, sobre todo, cuando la sensación dominante es de tensión y no de debilidad, merece la pena tenerla en el radar y no lanzarse a “fortalecer”.

Por qué los Kegel pueden empeorarlo

Aquí está el error más frecuente y más perjudicial. Ante cualquier molestia pélvica, mucha gente empieza una rutina intensiva de Kegel, convencida de que está haciendo lo correcto. Si el problema era hipotonía, puede ayudar. Pero si el problema era hipertonía, está añadiendo contracción a un músculo que ya estaba contracturado. El resultado suele ser previsible: más dolor, más tensión, peores síntomas.

Es como intentar relajar un puño cerrado apretándolo todavía más fuerte. Por eso insistimos tanto, al hablar de los errores más comunes al hacer Kegel, en que más no es mejor, y en que la fase de relajación importa tanto o más que la de contracción. Un suelo pélvico hipertónico necesita aprender a soltar antes que a apretar. Hacer lo segundo sin lo primero es, sencillamente, echar leña al fuego.

El papel de la relajación y la respiración

Si la hipertonía es exceso de tensión, la lógica del abordaje cambia por completo: el objetivo deja de ser entrenar fuerza y pasa a ser recuperar la capacidad de relajar. Y aquí la respiración tiene un protagonismo que sorprende.

El diafragma respiratorio y el suelo pélvico trabajan coordinados, casi como un pistón: cuando inspiramos y el diafragma baja, el suelo pélvico desciende y se relaja suavemente; cuando exhalamos, vuelve a subir. Por eso una respiración diafragmática lenta y tranquila —dejando que el abdomen se expanda al inspirar, sin forzar— ayuda a que la zona pélvica aprenda a soltarse. A ello suelen sumarse estiramientos de la zona, trabajo postural, y técnicas de liberación que un profesional puede guiar. Solo cuando el músculo ha recuperado su capacidad de relajarse tiene sentido, si acaso, introducir contracciones, y siempre con la cabeza puesta en la moderación que describe la guía básica de ejercicios de Kegel.

Cuándo consultar a un profesional

La hipertonía es, justamente, uno de los casos donde la autogestión a ciegas puede salir cara. Lo más sensato es una valoración con un profesional sanitario titulado, idealmente un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico masculino, sobre todo si:

  • Predomina la sensación de tensión, de no poder relajar la zona.
  • Hay dolor perineal, testicular, en la base del pene o con la eyaculación.
  • Aparecen molestias urinarias persistentes sin otra explicación.
  • Has empezado una rutina de Kegel por tu cuenta y los síntomas han ido a peor.
  • El malestar se relaciona claramente con etapas de estrés.

Un fisioterapeuta puede valorar con las manos si la musculatura está tensa, débil o descoordinada, y diseñar un plan que muchas veces empieza por lo contrario de lo esperado: relajar, respirar, soltar. En algunos casos se apoya en biofeedback o terapia manual. Y cuando el estrés está claramente implicado, combinar con apoyo psicológico suele ayudar a romper el círculo entre tensión emocional y tensión muscular.

Una idea para llevarse

No todo problema de suelo pélvico se resuelve fortaleciendo. A veces el músculo no está flojo, sino agarrotado, y el remedio no es apretar más, sino aprender a soltar. La hipertonía pélvica es frecuente, se confunde con facilidad y empeora cuando se trata como si fuera debilidad, así que merece la pena conocerla antes de empezar cualquier rutina por cuenta propia. Si la sensación que predomina es de tensión, dolor o incapacidad de relajar la zona, lo más útil no es buscar más ejercicios en internet, sino una valoración con un fisioterapeuta especializado que confirme qué necesita de verdad tu suelo pélvico. Este artículo es información educativa y no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento personalizado de un profesional sanitario titulado.